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El 2º congreso mundial reunió en Alemania a 300
escépticos de todo el mundo
El 2º Congreso Escéptico Mundial, celebrado en Heidelberg del 23
al 26 de julio y organizado por la Sociedad para la Investigación
de la Paraciencia (GWUP), fue un auténtico éxito de convocatoria
al reunir en la turística ciudad alemana a cerca de 300
escépticos de los cinco continentes. El denso programa de la
convención, dedicada a El Armagedón y los profetas del juicio
final, fue tan interesante como los pasillos que hicimos los
representantes de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento
Crítico.
Porque, nada más llegar a última hora de la tarde del día 22,
establecí el primer contacto fructífero -cena con Kendrick
Frazier, director de The Skeptical Inquirer, y su
encantadora esposa- y, horas antes de partir, me despedí con
abrazos a las puertas del hotel de los italianos Francesco
Chiminello y Lisa Maccari, del irlandés Peter O’Hara y del
brasileño Ricardo Bonalume Neto. Entre medio, una cena
tailandesa a la que también asistieron los belgas
Willem Betz, Cornelis de Jager y Tim Trachet, además
de Fernando Peregrín, y una comida de éste último y el
autor de estas líneas con Jean Bricmont. Y muchos cafés y
cervezas, y colegas llegados desde Japón que nos daban recuerdos
de amigos comunes, y, para qué negarlo, una cierta inquietud
hasta que en la jornada de clausura presenté esta revista durante
mi intervención como ponente en la mesa redonda sobre “Perspectivas
del escepticismo científico alrededor del mundo”.
El congreso en sí fue agotador, con sesiones dedicadas a las
profecías milenaristas, las medicinas alternativas, los desastres
naturales, la anticiencia y el posmodernismo, y lo paranormal
en China, así como conferencias a cargo de Paul Kurtz y
Elizabeth Loftus, que disertó sobre el síndrome de la
falsa memoria, asunto sobre el que también habló Vern Bullough.
Entre los participantes, cabe destacar a Ray Hyman y James
Alcock, que dirigieron un interesante taller sobre pensamiento
crítico en el que el primero se centró en la demostración
práctica y el segundo en la teórica; Alan Hale, que disertó
sobre “El cometa Hale-Bopp: ¿portento o desastre?”; Evry
Schatzman, que participó en la mesa redonda sobre
posmodernismo, y Sergey Kapitza, que nos puso al
corriente de la situación de la ciencia en Rusia.
Personalmente, aproveché la invitación del CSICOP a intervenir
en tan destacado foro para distribuir entre los asistentes
ejemplares de EL ESCÉPTICO, que, recién salida de la imprenta,
fue objeto de una calurosa acogida por la mayoría, empezando
por Kurtz y Amardeo Sarma, el más que eficiente secretario
ejecutivo del GWUP, y acabando por Gerald Huber, el socio
alemán de ARP. La realidad física de la revista sorprendió
a casi todos y me facilitó las gestiones de cara a apalabrar
interesantes colaboraciones de las que espero que el lector
hispano disfrute en los próximos números.
De puertas afuera, la tradicional reunión del Consejo Ejecutivo
de Organizaciones Escépticas (ECSO) sirvió para dar la
bienvenida a una nueva organización en Gran Bretaña, la
Asociación para la Investigación Escéptica (Aske), confirmar
que el congreso europeo de 1999 se celebrará en Maastricht en
septiembre, y que el mundial del 2000 tendrá como escenario
Sidney y el siguiente Los Ángeles. El CSICOP invitará a
algunos representantes de las asociaciones europeas a viajar
hasta Australia, anunció Kurtz ante quienes asistimos a la
reunión de la ECSO, ya que, tal como respondí a Harry
Williams, secretario de los Escépticos Australianos, cuando me
preguntó si nos veríamos en Sidney, costear un viaje a
las antípodas no es algo que uno pueda permitirse así
como así. Respecto a la reunión de Los Ángeles del 2002,
estará dedicada a los medios de comunicación y la
pseudociencia, asunto recurrente en los encuentros
escépticos que ha propiciado el nacimiento, en el seno del
CSICOP, del Consejo para la Integridad de los Medios. Matt
Nisbet, coordinador de este grupo de trabajo, invitó en
Heidelberg a todos los periodistas escepticos a unir fuerzas,
idea que en Europa había lanzado horas antes el incansable Tim
Trachet.
Por cierto que la cordialidad de nuestros anfitriones alemanes
se prolongaba fuera de la sede del congreso en los colegas belgas,
con Tim a la cabeza, manejándose en no sé cuántos idiomas y
guiándonos a italianos, brasileños, irlandeses y españoles por
el Heidelberg nocturno tras haber disfrutado de una
travesía fluvial por el Necka. En definitiva, un evento para
recordar tanto por las sesiones de trabajo oficiales como por las
extraoficiales reuniones alrededor de buenas mesas. Algo que, sin
duda, sonará a todos aquéllos que han asistido a alguno de los
congresos de ARP.
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