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Ascenso de lo irracional
En sociedades presididas en principio por la racionalidad,
cuando ésta se diluye o se disloca, los ciudadanos se ven
tentados a recurrir a formas de pensamiento prerracionalistas
Ignacio Ramonet
Arruinado por el cataclismo bursátil de octubre de 1987, un
pequeño inversor se colgó unos días más tarde en Madrid,
en un parque. Para explicar su gesto, el desesperado dejó una
carta en la que denunciaba “los abusos y el canibalismo de
los agentes de cambio de la Bolsa respecto a los pequeños
ahorradores”. Contaba también cómo, después de haber
decidido suicidarse el 28 de octubre, se había dado una
prórroga y había decidido someterse de alguna manera al
juicio de Dios: “Tuve como la iluminación de que Dios
existía y que, tal vez, mi destino no era el suicidio”.
Consagró entonces el resto de sus ahorros a comprar billetes de
lotería y a jugar a la bonoloto. Para ver “si Dios ponía algo
de su parte y me ayudaba a salir”. Pero el cielo permaneció
desesperadamente silencioso. La suerte no le sonrió, y el hombre
acabó ahorcándose.
(Artículo completo en la revista impresa)
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