La Academia de Lagado
No podemos impedir -ni sería deseable- que un chiflado exponga
sus teorías, ni que un farsante se acerque al público, pero no
permitamos que ni chiflados ni farsantes -ni políticos- tomen las
riendas del saber
Luis Angulo Suardiaz
En las discusiones sobre temas paranormales, se muestran a
menudo tres posturas bien definidas. La de los llamados cabras,
es decir, escépticos recalcitrantes; y las de las dos variedades
de crédulos: los ovejas, o crédulos relativistas, y los borregos,
también conocidos como crédulos militantes. Así, en una
discusión sobre psicofonías, un borrego dirá: “Las
psicofonías son un hecho demostrado, ¿no las habéis oído por
televisión?”, y añadirá que su causa son espíritus
parlanchines, energías psíquicas, fuerzas inmateriales, esto, lo
otro y lo de más allá (sobre todo, lo último). Un oveja
adoptará una postura de mente abierta: “Las psicofonías
son hechos extraños pero reales, nuestra ciencia actual no puede
explicarlas, pero sin duda, en un futuro no muy lejano el trabajo
científico de nuestros parapsicólogos nos dará una explicación”.
El cabra tipo doméstico será benevolente: “Lo
más seguro es que sean malinterpretaciones de los ruidos de
fondo, tal vez arrugas o deterioros de la cinta”. Sin embargo,
el tipo montés sentenciará: “¡Burdas falsificaciones!”.
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