|
Las aventuras de un párroco emprendedor
La historia de Rennes-le-Château es fascinante por su tremenda
capacidad de atraer hacia sí las teorías más inverosímiles a
partir de unos hechos intrigantes, pero fácilmente explicables
Adela Torres
Allá por junio de 1885, llegó destinado a la iglesia de Rennes-le-Château
el padre Bérenger Saunière (1852-1917). Por aquella época, el
Estado había dejado de sufragar a la Iglesia y, por tanto, no
pagaba a los sacerdotes ni las reformas de los edificios
religiosos. Se alojaba en casa de la familia Dernaud, y su
proyecto de reformar la ruinosa iglesia del pueblecito
-consagrada- parecía ir para largo. Pero, poco a poco, y sobre
todo a base de donaciones (del conde de Chambord, entre otros),
Saunière fue consiguiendo el dinero necesario para iniciar la
reforma, y empezaron las obras. Al parecer, Saunière encontró
algo cuando los obreros levantaron las losas del altar mayor.
Según unos, un pilar hueco; según otros, una cripta o un hueco
en el suelo. Fuera lo que fuera lo que encontró, poco tiempo
después el ritmo de vida del sacerdote cambió drásticamente.
Terminó las reformas de la iglesia en 1891, redecorándola
al más puro estilo Saint-Sulpice. Pero no se detuvo ahí;
construyó una gran casa parroquial a la que llamó Villa
Bethania y una torre, la Tour Magdala, que usaba como
biblioteca. Desde luego, lo que estaba claro es que ya no vivía
de la caridad de sus parroquianos.
(Artículo completo en la revista impresa)
|