Ir a la página principal de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
El Escéptico Nº 2
‘Perdigones’ contra el cáncer


Al parecer, ciertas desavenencias conyugales entre dos de sus miembros, aireadas en público y con televisión incluida, han llevado al grupo de contactados Aztlán a una cierta crisis que ha desembocado en los juzgados. A la vista de la forma tan contundente y apasionada con que el equipo de la revista Más Allá se ha lanzado a denostar a los que, al parecer, han acusado al grupo Aztlán de ser una secta o algo similar, así, a vuelapluma, me surge una pregunta: ¿estamos ante una toma de postura de Campoy y sus colaboradores, de corte quijotesco, de defensa, a la manera de un campeón medieval, de damiselas en peligro, de la imagen pública de unas personas a las que, a lo sumo, se puede tachar de raras por aquello de codearse con extraterrestres y haberse buscado un guía espiritual más allá de nuestro sistema solar o, por el contrario, la imbricación entre la revista y el grupo de aficionados a la ouija es de tal naturaleza que se pueda hablar de defensa de intereses comunes?

Sea lo que sea lo que piensen los implicados, lo cierto es que las firmas de algunos miembros del grupo Aztlán aparecen cada vez con mayor frecuencia en la publicación que hasta septiembre dirigía Campoy -el relevo lo ha tomdo Javier Sierra-. Así, en el monográfico dedicado a la reencarnación, entre María Pinar Merino y Luis Arribas se reparten media docena de artículos. Si añadimos que, como corresponde a fieles discípulos, el grupo Aztlán se la ha arreglado para que su extraterrestre Geenom se haya hecho durante meses un hueco en las páginas de Más Allá -donde le montaron un consultorio de salud y belleza espiritual muy Nueva Era, tipo Elena Francis, solo que más cutre y cursi si cabe-, es difícil negar una estrecha vinculación entre los contactados y la revista. Vinculación que son libres de establecer.

Resulta poco habitual contar en la prensa con un colaborador extraterrestre -¿estará dado de alta en la Seguridad Social?- e insólito que una publicación que se precia de servir a la ciencia de vanguardia se permita unos colaboradores como María Pinar Merino y Luis Arribas, que sistemáticamente adornan sus artículos con gazapos científicos propios de un mal estudiante de bachillerato. Pero, a excepcion de estos pequeños detalles, la credulidad de Campoy y sus colaboradores más próximos en la mascota extraterrestre del grupo Aztlán, al que han convertido en oráculo particular de la revista, por un lado, y la publicidad que reciben los contactados, por otro, justifican más que de sobra la asociación establecida.

Hace unos meses, en la sección de Cartas de Más Allá, se animaba a una paciente de cáncer, entre otras extravagantes terapias, a rodearse de esferas, de todo tipo, incluyendo pelotas de ping-pong. Por supuesto que las terapias recomendadas eran todas del tipo llamado alternativo, esto es, basadas generalmente en una ignorancia supina de las disciplinas médicas conocidas mediante procesos lo más científicos posibles y basadas en las evidencias. Pero lo de las esferas sonaba al más puro esoterismo propio de la decantación extrema de la desbordante imaginación de la que suelen hacer gala los oráculos de la Nueva Era.

En el número 110 de Más Allá de la Ciencia, Arribas tomaba recado de escribir y se lanzaba a la aventura de justificar científicamente por qué las esferas nos pueden ayudar en nuestra lucha contra el cáncer. Y si el autor se hubiese limitado a manejar ideas y razones de pura cepa esotérica, haciendo uso de la jerga correspondiente, tal vez no hubiese salido airoso, ya que es difícil que alguien con una mínima cultura y un mínimo de sentido común se crea lo de las ondas de forma, pero sí, al menos, hubiese pasado más o menos desapercibido; pero no. El autor siente el vértigo de la palabra técnica, del concepto científico 1, como apoyo a sus divagaciones esotéricas, y, claro, sale a la luz el latinajo científico, el gazapo más ramplón, el lenguaje pseudocientífico formado por un rosario inconexo de palabras científicas cuyo uso y significado parece desconocer ampliamente. Está claro que Arribas no se ha enterado entre otras cosas de que:

1. “Las ondas vibratorias de tipo electromagnético débilmente cargadas” no existen; tampoco las muy cargadas o las cargadas a secas. A lo mejor, el autor ha oído decir que el movimiento vibratorio de las cargas eléctricas produce ondas electromagnéticas... y, al escribirlo, se ha hecho un lío.

2. No se debe incurrir en flagrantes contradicciones ni siquiera cuando se usan conceptos y términos de dudosa significación. Así, y cuando se emplea el concepto de onda de forma, por muy vacío de contenido que esté, conviene ser coherente, más que nada para dar una cierta apariencia de que lo que uno está diciendo no se da de bruces con el sentido común. No se puede decir, como hace que “las ondas de forma emitidas por formas geométricas simétricas son beneficiosas y benignas” y añadir, unas líneas después, que “el cuadrado emite ondas de forma’nocivas”, ya que es una pura contradicción, al ser el cuadrado una de las formas geométricas simétricas más elementales y sencillas que existen.

3. Decir que el centro de la esfera posee energía magnética centrípeta es un solemne disparate, ya que mezcla un término propio de magnitudes vectoriales -tal como la aceleración- con otro claramente escalar. Además, no se indica bajo que condiciones aparece la energía magnética en el centro de la esfera, por lo que se puede entender que está presente en todo momento, lo cual es un disparate al cuadrado.

Según Arribas, “se han realizado algunas investigaciones alternativas 2 [para el tratamiento del cáncer] que incorporan a las formas esféricas un componente biológico, como por ejemplo las esferas creadas con migas de pan” ¡Lástima que no supiesen esto tantas madres que han venido regañando a sus hijos por hacer pelotillas con la miga del pan en la mesa! Se hubiesen dado cuenta que, más que perdigones para lanzárselos a los hermanos, el crío estaba generando energía sutil anticancerígena para toda la familia.


Fernando Peregrín

1 Este vértigo lo padece también, y en grado muy avanzado, otra miembro del grupo, María Pinar Merino. Tradicionalmente, la tiene tomada con la física, lo que no impide que realice temerarias incursiones en otras ciencias, como la biología, para confundir, sin inmutarse, las bases de los ácidos nucléicos con las proteínas. (Véase el monográfico de Más Allá sobre la reencarnación.)

2 Lo de siempre. “Los científicos han descubierto...”, “se ha demostrado en varios [o numerosos, según la imaginación del autor] laboratorios...” o, como dice el texto: “Se han realizado algunas investigaciones...” Como se ve, todo bien explicado, detallado y documentado