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La necesidad de creer
El escepticismo, como movimiento, no sólo está en contra de
los abusos del derecho a creer; está a favor de que creer sea
efectivamente un derecho, no una obligación
Toni Cantó
Una de las preguntas más habituales que todo escéptico habrá
escuchado, al departir con personas de iguales o similares
opiniones, es: “¿Cómo es posible que la gente crea en todas
esas tonterías?”. O por precisar: “¿Cómo es posible que,
después de siglos de revolución científica, la gente aún viva
presa de un misticismo más propio de la Edad Media?”.
Efectivamente, es difícil de comprender. En un mundo en el que la
vía racionalista y científica al conocimiento ha demostrado su
validez y superioridad sobre cualquier otra, las estadísticas
parecen coincidir en que alrededor del 90% de la población
general y el 40% del mundo científico mantiene algún tipo de
creencia religiosa o trascendente. Esos porcentajes, más de mil
millones de personas en el mundo desarrollado, utilizan
sistemáticamente los logros de la ciencia y la tecnología para
mejorar su calidad de vida, tanto en aplicaciones de utilidad
evidente como bajo la lógica del consumo.
(Artículo completo en la revista impresa)
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