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El Escéptico Nº 8

El Circo Paranormal

'Cucharoquinesia'



Hay un chiste muy bueno que no puedo dejar de recordar en estos momentos. En una función de títeres, una princesita está echando una bronca tremenda a un príncipe mientras la emprende a garrotazos con él. Le dice que es un calzonazos, un vago, un inútil, y que parece un lepero (1) En ese momento, se levanta un hombre entre el público, se acerca al teatrillo y se dirige a la princesa: "Mira, me has hecho mucho daño, me siento insultado. Entérate de que soy doctor ingeniero y abogado, y tengo un MBA de la Universidad de Georgetown, así que no tienes ningún derecho a decir que seamos tontos o nada parecido". Uno de los titiriteros sale de detrás del teatrillo y pide disculpas al espectador ofendido, quien le agarra por el cuello y le grita: "¡Y tú cállate, imbécil, hablaba con la princesita!".

Llama la atención la falta de sentido del humor de los paranormales. Como ejemplo, en un debate televisivo al que asistí como invitado, un humorista hizo una divertida parodia de las artes adivinatorias leyendo el futuro del presentador en unos cacahuetes esparcidos sobre una mesa -y una avellana infiltrada, cosa que alarmó profundamente al esforzado pitoniso-. Una vez terminado el número de la frutosecología -divertidísimo, por cierto-, el humorista ofreció su mano a una vidente que se encontraba en el plató, quien la retiró negándole el saludo, y apartando la mirada.

Esta vez la demostración de sentido del humor viene de la mano de uno de los grandes, uno de los mitos vivientes: Uri Geller. En una reciente visita a Tokio, fue asaltado por un grupo de niños que quería su autógrafo en unos cromos de personajes del videojuego Pokémon, de Nintendo, basado en los dibujos animados japoneses que causan furor en casi todo el mundo. En estos cromos, aparece un personaje -llamado Un-Geller en Japón y Kadabra en el resto del mundo- que va dejando a su paso un rastro de cucharillas dobladas y es capaz de provocar dolores de cabeza a sus adversarios por telepatía. El famoso doblador de cucharas mediante el poder de la mente -cuya capacidad los simples mortales empleamos solamente en un 10%- se ha sentido herido y ha tomado una drástica decisión: reclama al fabricante de videojuegos una indemnización de la friolera de 100 millones de dólares. Afirma que la casa Nintendo ha creado un personaje con un notorio parecido a él -¿será físico el parecido?-, utilizando su nombre y perjudicando su imagen sin su consentimiento. El dotado incluso dice haber recibido llamadas y cartas en las que admiradores le felicitan por el dinero que habrá ganado por derechos de imagen al haber autorizado a Nintendo a utilizar su imagen.

Nintendo no es la primeras víctima de la ira de Geller. Ya demandó al fabricante de relojes Timex porque en un anuncio aparecía un dotado que no lograba parar un reloj con el poder de su mente. Los abogados de Geller afirman, además, que están estudiando demandar a la cadena de venta de muebles Ikea por vender un taburete llamado El Uri con las patas dobladas y retorcidas, por el evidente parecido con sus famosas cucharas. Esperemos que la gente de Ikea no haya imitado al pie de la letra las cucharas, ya que en ese caso sería muy peligroso sentarse en él. Sólo faltaría que la empresa tuviera que indemnizar por daños y perjuicios a cientos de clientes lesionados por el colapso de las patas de los taburetes.

Vista la obsesión de Geller por los pleitos, podría pensarse que atraviesa problemas económicos, así que James Randi le ha ofrecido el premio de un millón de dólares que la Fundación Randi tiene preparado para quien sea capaz de probar sus facultades paranormales en condiciones de laboratorio. Geller ha rechazado tan generosa oferta. Curiosamente, a pesar de seguir adelante con la demanda a Nintendo, dice que no conviene que la mente se concentre en pensamientos negativos y asegura que su objetivo es mostrar al público el poder curativo de la mente. Sobre eso trata precisamente su último libro, que parece estar intentando promocionar a golpe de pleito judicial. Esperemos que ahora no le dé por demandar a algún fabricante de cucharillas de diseño o al de unas divertidas cucharillas de nitinol que se doblan cuando se calientan.

1 Aquí puede ponerse guipuzcoano, bilbaíno, lepero... Depende de quién cuente el chiste, hay para todos los gustos.

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