Dogon, un misterio inexistente
Marcel Griaule fue un antropólogo demasiado entusiasta y poco riguroso.
Y Robert Temple es, simplemente, un farsante
JULIO ARRIETA
Una de las corrientes pseudocientíficas más cautivadoras es la que afirma la evidencia de visitas extraterrestres en un pasado remoto; visitas que pudieron haber dejado su huella en la evolución biológica y cultural del ser humano, en forma de mitos o monumentos elaborados mediante tecnologías avanzadas posteriormente desparecidas. Esta idea dio lugar a toda una exitosa corriente de literatura pseudocientífica que tuvo una gran acogida por parte del público, sobre todo en los años 70, siendo sus más conocidos difusores Erich von Däniken, Robert Charroux y Peter Kolosimo, entre otros muchos. Dentro de esta escuela acientífica, una obra que destacó por la aparente solidez de su argumentación y por la evidencia antropológica en la que se basaba, era El misterio de Sirio (1978), de Robert K.G. Temple, que se centra en las tradiciones de los dogon, un pueblo de unos 200.000 individuos que habita en África occidental, en los altos de Bandiagara, en la actual república de Mali. Según Temple: durante milenios, los dogon han conservado una rica mitología que incluye un complejo sistema cosmológico y en la que se detallan conocimientos astronómicos difícilmente asequibles para un pueblo sin tecnología científica alguna.
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