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El Escéptico Nº 8


Sudáfrica recurre a los 'disidentes del sida' para luchar contra la pandemia




El presidente de Sudáfrica, Thabo Mibeki, ha pedido asesoramiento a dos norteamericanos que sostienen que el Virus de Inmunodeficiencia Humana no es la causa del sida. La noticia ha causado una oleada de consternación en todo el mundo y especialmente en el país, cuya tasa de crecimiento de enfermos, una de las más altas del mundo, se teme que aumente aún más. El presidente y su Gabinete se han puesto en contacto con el bioquímico David Rasnick y con Charles Geshekter, profesor de historia africana. Ambos sostienen que el VIH no provoca el sida y que, por lo tanto, los medicamentos empleados contra la enfermedad son completamente ineficaces.

Según Parks Mankahlana, portavoz presidencial, Mibeki trata de escuchar a todos los científicos y a cualquiera que pueda aportar algo, en un intento de definir una estrategia para combatir la enfermedad en un país de 44 millones de habitantes con un 12,9% de la población adulta infectada. El presidente, afirma, planea convocar este año a expertos internacionales en el sida para evaluar varios tratamientos y revisar las evidencias de que la enfermedad está causada por el VIH.

Rasnick -quien defiende que la enfermedad está causada por el consumo de drogas y una mala alimentación- mantiene que el VIH no causa la enfermedad y que los medicamentos como el AZT o los nuevos inhibidores de la proteasa no son efectivos contra el sida, aunque sí inhiben la multiplicación del VIH. Prestigiosos investigadores afirman que esta teoría está basada principalmente en datos obtenidos por otros científicos, quienes además no comparten las conclusiones presentadas por Rasnick o su colega Duesberg.

Según Geshekter, por otro lado, la idea de que la epidemia en Africa es debida a la transmisión sexual es un mito útil, que haría políticamente aceptable convertir el continente negro en un laboratorio de pruebas para vacunas experimentales de alto riesgo, amén de aumentar la dependencia de África respecto de Occidente en lo que se refiere al suministro de equipamiento de esterilización y personal cualificado, sin olvidar la apertura de un nuevo mercado para la comercialización de medicamentos antivirales tóxicos como el AZT.

No es ésta la primera vez que el presidente sudafricano sorprende a los expertos en salud pública. Hace unos meses, cuestionó la seguridad del AZT -tratamiento estándar contra el sida- y su ministro de Sanidad dijo recientemente que el Gobierno había decidido que el medicamento no debía ser distribuido en hospitales públicos. "No hay suficiente información para que, como ministro de Sanidad, exponga a las mujeres a un medicamento sobre el que no sabemos nada", afirmó Tshabalala-Msimang. La preocupación sobre los efectos del AZT, principalmente en los niños, ha ido en aumento en Estados Unidos. Un estudio mostraba hace poco cómo ratones preñados tratados con AZT tenían crías con tumores, aunque, tras una revisión de este estudio y otros similares, el Insituto Nacional de la Salud estadounidense determinó que los beneficios del tratamiento con este medicamento superan a los inconvenientes.

Mankahlana sostiene, sin embargo, que Sudáfrica no tiene por qué aceptar los postulados occidentales sobre el sida sin una cuidadosa investigación, dado que aún no se ha encontrado una cura y hay demasiado por conocer sobre el VIH y la enfermedad, y ha anunciado que su país invertirá este año 11 millones de dólares en investigación.



BORJA MARCOS

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