| Los eclipses son fenómenos astronómicos conocidos desde épocas muy tempranas: tal vez el relato más antiguo de un eclipse, del año 3784 a.C., se encontraría en una crónica india, pero no hay acuerdo sobre ello. En China, cuando comenzaba un eclipse, tocadores de tambores, bailarines y arqueros tenían la misión de hacer mucho ruido y lanzar flechas para hacer huir al dragón que venía a devorar al Sol. Se cuenta que durante el eclipse del 10 de octubre de 2136 a.C., dos astrólogos chinos llamados Hsi y Ho se encontraban bebidos y, aceptando que sus conocimientos fueran suficientes para ello –algo bastante dudoso–, no anunciaron con antelación la llegada del dragón para preparar la defensa del Sol, por lo que fueron decapitados sin piedad, los pobres.
Parece que la descripción verificada más antigua de un eclipse de Sol, del 5 de marzo de 1223 a.C., figura en una tablilla babilónica. A partir del siglo VIII a.C. los babilonios y los chinos comenzaron a observar sistemáticamente los eclipses y, un par de siglos más tarde, los caldeos establecieron regularidades en su aparición y características. A los babilonios debemos, hacia la misma época, la determinación del llamado saros, un ciclo de eclipses de Sol y de Luna que suceden en condiciones muy similares y, por tanto, son también muy parecidos, cada 18 años y 10 u 11 días. Seguramente fue en tiempos de Ptolomeo (siglo II d.C.), cuando los astrónomos pudieron por fin predecir las fechas y zonas de visibilidad de estos fenómenos.
Hay numerosas historias (y leyendas) en torno a los eclipses. Tal vez una de las más famosas es citada por el historiador griego Herodoto en el siglo V a.C. Durante el sexto año de guerra entre medas y lidios un día, en plena batalla, se hizo la noche debido a un eclipse total de Sol. Los combatientes interpretaron el hecho como una advertencia del cielo, depusieron las armas, y firmaron la paz. Incluso el rey de Lidia concedió la mano de su hija al hijo del rey de los medas. Los cálculos astronómicos indican que ese eclipse sucedió el 28 de mayo de 585 a.C. Es posible que, tal como dice Herodoto, Thales de Mileto hubiera anunciado el año de ese acontecimiento astronómico. Sin embargo la leyenda según la cual habría predicho incluso la fecha y lugar de visibilidad es probablemente falsa, dados los conocimientos de la época.
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